Ayer te vi,
que fue lo que sentí,
mariposas dentro de
mí,
que me hicieron
cambiar la cara.
Mirar hacia otro
lugar
me pareció menos
doloroso,
que verte de frente
y no reflejarme en
tus ojos.
Mirada eterna hay en tí,
pero no para mí,
para quién, no sé.
Tengo que aceptar
que tus ojos ahí están,
a la disposicion,
a la orden,
pero no los puedo
mirar.
Oculto mi mirada
y cuando te tengo que
enfrentar
lo hago rápidamente
y parezco una demente
pues de qué huyo en
realidad.
De una negativa que
ya está,
de humillarme un poco más,
de recoger migajas
que no existen,
pues no dejas nada
para mí en tu andar.
Caminas altaneramente
pues sabes que a lo
lejos puedo verte,
tan seguro estás,
que te tengo en mi mente,
que no vacilas en
mirar.
Pero si no miro,
coraje te da,
entonces eres tú el
que miras,
al yo no poder más,
miro también
y ahí tú estás,
entonces te vuelves a
elevar
en tu nube gris.
Gris porque contigo
no se sabe,
si lloverá o no es
incierto,
si me besarás o harás el intento,
si te irás y no volverás.
Si pensarás en mí, no
lo sé,
solo sé que yo,
en mi
intento de olvidarte,
te recuerdo más.
Y tú me dirás,
pero olvidarme por qué,
acaso yo me entregué.
Y no tendré defensa,
pues fui yo la que lo
hizo,
aunque luché mi corazón quizo,
hacerte un pequeño
lugar.
Lugar que sigue vacío,
porque aunque esté previsto para tí,
no lo usarás,
pues
escrito ya esta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario