Ella no sabe bien lo que siente. Quizá lo sabe pero teme afrontarlo.
Muchas veces se siente cansada, rendida y sin ganas de seguir... porque seguir es trabajoso y doloroso. Pero no siempre tiene que ser así.
Ella lucha cada día con ella misma. Volver a empezar de nuevo es su lema cada día. Luego se deja llevar y se duerme su espíritu.
Lucha incansablemente como si fuese la última vez que respira... luego se deja llevar por la nada y en eso queda, en nada.
Esa nada tan dañina y tan maravillosa a la vez. Duele, la nada duele y mucho.
Es ese dolor el que la mantiene viva... sentirse viva.
¿Son locuras de su mente o verdades necesarias de expresar, de gritar...?
Porque la nada duele y el dolor la hace sentir viva. ¿Qué sentido tiene esto?
Ninguno, piensa a veces. Ningún sentido. Esa es la chispa de la vida. El no sentirse atrapada en esos esquemas mentales que le inculcaron de niña. Porque le inculcaron sentido. Y con el tiempo ella talló su propio estilo. Estilo propio que ama y que expresa aun con la mirada.
Su personalidad tiene esencia... lo tiene que aceptar. Hace que otros puedan tener ganas de tallar su propio estilo y puedan dejar de tener sentido que trae dolor y a la vez es vida porque los mantiene alertas.
Alertas de vida plena...
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