Todo y nada,
es lo que tengo,
ahora
y siempre.
Brisa que acaricia mi
piel
y se pierde con el
viento,
sin detenerse un
momento,
sólo pasa sin
parar.
Tu labio en el mío,
tu mano en mi brazo,
caricias lentas y
eternas,
maravillosas y
peligrosas,
que poco a poco me
seducen,
que lentamente logran
su pedido,
y en el instante ya
no existo
pues te regalo mi
piel,
mi alma, mi cuerpo y
mis entrañas,
cada latido fuerte y
lento a la vez
con un compás que no
tiene final.
No se que decir, solo
te digo,
me gustó, me gusta y sé que me gustará
y al ser solo entre
los dos, me gusta más,
pues me sabe a piel,
a sudor,
al continuo éxtasis
que puedo sentir
al solo verte de
lejos.
Lejos pero aquí,
así estaremos
siempre.
Sin importar los
terceros,
pues nunca lo
sabrán.
Nunca sabrán que fui
tuya.
Nunca sabrán que mío
fuiste.
Como una estrella
fugaz,
que solo los que la
han visto saben que existe,
pues es algo hermoso,
tierno y salvaje,
que no necesitó
encajes,
piel con piel fue
mejor.
Gracias por no pedir
nada,
el tiempo es oro y en estos momentos
es mi tesoro,
el cual no tengo para
compartir fijamente con nadie,
aunque contigo fue
ganancia
y cuando quieras te
puedo devolver el cambio.
Aquí en el nunca
jamás,
pero siempre aquí
para lo que necesites.
Tu admiradora
silenciosa.
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