miércoles, 9 de enero de 2013

Volver a empezar

Lágrimas, desesperanza, agonía, dolor, inmenso dolor es lo que sentí, lo que siento.  Pasar estos días y recordarla cuando ella sonreía, cuando era feliz. Sé que está mejor y mucho más feliz ahora en los brazos de Dios. De verdad que lo sé y lo entiendo. Es solo que mi corazón la extraña. Todas las noches la sueño. Nos divertimos tanto, la pasamos tan bien. Cuando despierto y no está, uyyy, eso si que duele. Dios ayudame a encaminar mi vida y mis  pensamientos positivamente para que pueda continuar entendiendo que ella siempre estará conmigo dentro de mí, de mi memoria.

Dios mío duele, de verdad duele. Tengo ganas de llorar, de gritar... ella ya no está... Ayudame Dios mío. Esta tristeza nubla mi visión y no quisiera perder los hermosos detalles que día a día me presenta la vida. Compartir con mi esposo, familia, amigos... no quiero perder eso. Quisiera poder vivir bien, sabiendo que el recuerdo de ella me llena de alegría, de satisfacción, no de dolor. Es difícil pero no imposible.  Por mi parte viviré un día a la vez y de la mano de Dios, porque así es mucho mejor.

Es maravilloso poder desahogarse, sin miedo a lo que opinen los demás o que puedan pensar que me estoy volviendo loquita... loquita de tristeza...